Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción

Navalperal de Pinares (Ávila)

CICLO LITÚRGICO: SEMANA SANTA


 
 

La Última Cena
Juan de Juanes (Hacía 1562)
© Archivo fotográfico - Museo Nacional del Prado

 

 

JUEVES SANTO
 

 

CENA DEL SEÑOR
LAVATORIO DE PIES
SERMÓN DEL MANDATO Y TRASLADO DEL MONUMENTO

HORA SANTA


 

Jueves Santo, en este día se celebra la última cena de Jesús de Nazaret con sus discípulos, la institución de la eucaristía y del orden sacerdotal, así como el lavatorio de pies.

 

JUEVES SANTO EN LA CENA DEL SEÑOR

Como última cena se conoce la comida que, en celebración de la pascua, compartió Jesús con sus discípulos. En ella instituyó la eucaristía, también llamada comunión, en la cual Cristo deja su cuerpo y sangre transustanciados en pan y vino, tal como relata Lucas: “Entonces tomó el pan y, habiendo dado las gracias, lo partió y les dio, diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria mía’. Asimismo, tomó también la copa, después de que hubo cenado, diciendo: ‘Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama’” (XXII: 19-20).

Con la Misa que tiene lugar en las horas vespertinas del jueves de la Semana Santa, la Iglesia comienza el Triduo Pascual y evoca aquella Cena en la cual el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, habiendo amado hasta el extremo a los suyos que estaban en el  mundo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino y los entregó a los apóstoles para que os sumiesen, mandándoles que ellos y sus sucesores en el sacerdocio también lo ofreciesen (CO, 297).

Toda la atención del espíritu debe centrarse en los misterios que se recuerdan en la Misa: es decir, la institución de la Eucaristía, la institución del Orden sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna. Estos grandes misterios nos puedan penetrar más profundamente en nuestra piedad y los vivamos intensamente en nuestras costumbres y en nuestras vidas.

 

LAVATORIO DE LOS PIES

El lavatorio de los pies, que según la tradición se hace en este día, significa el servicio y el amor de Cristo, que ha venido "no para ser servido, sino para servir" (Mt 20, 28)

Como lavatorio de pies del Jueves Santo , Jesús, como un acto de humildad, lava los pies a sus discípulos, con la finalidad de dar un ejemplo de amor y servicio a los demás. De allí se desprende el mandamiento del amor que Jesús dijo a sus discípulos: que debíamos de amarnos los unos a los otros.

 

RESERVA Y ADORACIÓN

Existe también la tradición en nuestra parroquia de levantar el monumento de Jueves Santo, es un altar donde se reserva la hostia consagrada desde el Jueves Santo al Viernes Santo. Ante él, le damos las gracias al Señor por su pasión.



PRIMERA LECTURA DE LA MISA
Lectura del Libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14.

 

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Di a toda la asamblea de Israel: el diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor. Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera al país de Egipto. Este será un día memorable para vosotros y lo celebraréis como fiesta en honor del Señor, de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre.
 


SALMO 115, 12-13. 15-16bc. 17-18


V/. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.
R/. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.

V/. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.
R/. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.
V/. Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.
R/. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.
V/. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos, en presencia de todo el pueblo.
R/. El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo.




SEGUNDA LECTURA DE LA MISA
Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26.

 

Hermanos: Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó un pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con la copa, después de cenar, diciendo: «Esta copa es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

 

EVANGELIO DE LA MISA
Lectura del santo Evangelio según San Juan 13, 1-15.


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.») Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

 


HORA SANTA

 

Roca de la agonía en la Iglesia de Getsemaní

(Peregrinación a Tierra Santa - mayo 2013)

 

 

Señor venimos esta noche a tu presencia - ¡Noche Santa!, con el deseo de acompañarte en tu agonía de Getsemaní y de tu pasión por todos nosotros.

Tú dijiste a tus Apóstoles: velad conmigo. Pero ellos, vencidos por la tristeza del anuncio de tu Pasión y Muerte, se quedaron dormidos. Enséñanos a velar junto a Ti. Que nosotros no te abandonemos ni salgamos huyendo como ellos.
Mas no basta velar con el cuerpo. Necesitamos velar ante todo con nuestro espíritu. No, no la debemos dormir la Noche Santa. Necesitamos permanecer firmes y valientes, decididos en tu agonía.

Pascal ha dicho, que Tú, Jesús sigues en agonía hasta el final de los tiempos: en los que sufren, en los que viven la vida sin sentido, en los cristianos mediocres o en los que te han abandonado hasta el punto de no sentir necesidad de Ti.
También san Pablo nos recuerda que hemos de suplir en nuestra carne lo que le falta a la Pasión de Cristo en su Cuerpo que es la Iglesia.

Que esta Hora Santa sea ante todo Señor, la manifestación sincera de nuestro Amor por Ti.

Con María nuestra madre, queremos hacer nuestros los sentimientos de tu Corazón para que reposando nuestra cabeza, todo nuestro ser en tu Corazón, nos des los mismos sentimientos del tuyo, a fin de que este acompañarte esta noche sea fuente de salvación no sólo para nosotros sino para cuantos te necesitan.

Jesús: se tú nuestra fidelidad en acompañarte.

Amén.





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